LECCIONES SOBRE RUEDAS

¿alguien se acuerda?Durante mi niñez y adolescencia, amaba patinar sobre ruedas. No es que hiciera piruetas, ni patinara a grandes velocidades, pero podía jugar cualquier cosa sobre ruedas, y pasaba con mis amigos horas interminables jugando quemados, béisbol, coleadas, las traes, y lo que se nos ocurriera. incluso en una Roller-disco no hacía el ridículo por completo.  Llegó la universidad y con ello el fin de una era. Hace unas semanas, una amiga me hizo recordar esos tiempos y santa Claus me trajo unos patines para revivirlos.  Después de algunas semanas reuniendo el valor para ponérmelos, hoy por fin lo logré.  Y fue una aventura maravillosa, que si lo pienso bien, me hizo reflexionar sobre muchísimas cosas que puedo aplicar a mi vida en general, y que si le rascamos, se pueden aplicar en las empresas.

  • El miedo es lo que nos frena o nos derrumba.  En cuanto salí del coche con los patines puestos, sentí terror.   Y en dos segundos, estaba en el suelo.  Pero como estaba decidida a reaprender a hacer esto y a no quedarme como tonta,  comencé por enfrentar ese miedo y decirle que tenía todo lo que necesitaba para lograr mi objetivo.  tenía experiencia, aunque un poco adormilada, tenía el equipo necesario, las ganas y todo el tiempo que fuera necesario para reaprender.  Y me solté de nuevo y me dejé fluir, sin pensar más que en cuánto me divertía cuando patinaba con mis amigos. No me volví a caer.
  • Debe importarme un cacahuate que otras personas vean que estoy haciendo algo que no domino y que no estoy en total control.  Los primeros minutos, cada vez que pasaba alguien a pie o en coche, me detenía y me volteaba hacia el lado contrario, y esto me desequilibraba, logrando que me tardara más en reaprender.  Cuando lo hice consciente, me impuse el saludar a todo el que pasaba y sonreírles desde mi torpeza, logrando así varios gestos empáticos por parte de mi amable público involuntario.  Comencé a disfrutar el show.
  • La continuidad es lo que nos mantiene equilibrados. En cuanto comenzaba a titubear o a bajar la velocidad, me temblaban las piernas y comenzaba a tambalearme.  Muy pronto me percaté de que si aumentaba la velocidad, estaba en mayor control y dejaba de sentir ese miedo… siempre y cuando no la aumentara más de la cuenta.  Sin embargo, con cada vuelta que daba, podía ir más rápido, y el miedo que sentía se convirtió en una increíble sensación de libertad y de alegría de estar viva, de llegar un poquito más lejos cada vez. Todo era cuestión de práctica y de que mi memoria corporal entrara en acción sin presiones.
  • Las bajadas sirven para descansar y tomar vuelo para volver a subir, y llegar más lejos la siguiente vez.  Si todo el camino es de subida, el agotamiento es inminente. Y con falta de práctica, un grado de inclinación, ya sea de subida o de bajada, nos parecen como 90.  Debemos buscar un terreno lo más parejo posible para comenzar y tener éxito en la aventura.
  • Hay que aprender a frenar cuando vas de subida, o sobre suelo parejo, no de bajada porque para entonces seguramente frenarás con la cabeza y quién sabe en qué estado quede. Y tan importante como aprender a frenar es importante aprender a bajar la velocidad a voluntad, a dar la vuelta y a patinar de espaldas, viendo el camino que acabas de recorrer.
  • La diferencia entre terror y adrenalina depende de qué tan preparado estés para recibir los golpes que puedas sufrir.  Si traes equipo completo de seguridad, los patines están en buen estado, las agujetas están bien atadas,  tus huesos son fuertes y estás en forma, lo más seguro es que en una caída no te duela más que el orgullo.  En ese caso, el aumentar la velocidad causa entusiasmo y curiosidad, y se enfrenta como un reto.  Si temes que el caerte te va a dislocar la cadera o a romper la nariz o fracturar la pierna,  no dejarás de pensar en esa posibilidad y no habrá manera de enfrentar esa velocidad de forma efectiva, meterás el freno cuando no debes, o te aventarás a una zanja para evitar el poste que se te atraviesa o te irás de bruces contra un muro… con consecuencias fatales para ti y tu sueño de volver a patinar.
  • No hay que querer reaprender todo en un día.  No necesito estar lista para jugar coleadas esta misma semana, ni necesito retar a alguien a una carrera para sentirme satisfecha con el logro de hoy. “Pian piano si va lontano”, (despacio se llega lejos)- dicen los italianos, o “Quien tenga prisa, que se siente,” me acaba de decir hace poco un buen amigo, que le decía su abuelo.  Si me sobrepaso, corro el riesgo de cansarme tanto que las caídas se vuelven más probables, o mañana amanezco tan adolorida que no me quedan ganas de volver a ponerme los patines en una semana –o más. Mejor mantengo el entusiasmo de hoy  para mañana imponerme otro pequeño reto hasta que para mi cumpleaños, ya sea yo capaz de celebrarlo en una pista de patinaje como lo hacíamos antaño.  Así que quien quiera ser invitado, tiene algunos meses para desempolvar los patines y ponerse a practicar. Y si no les apetece, de todas formas los invito a reflexionar qué tiene esto que ver… con lo que sea. “Si alguno tiene oidos para oir, que oiga…”, Mateo 4:23

Todos tenemos algo que amamos que hemos olvidado porque sentimos que ya estamos muy mayores, que alguien se va a reír de nosotros, que ya no somos capaces de hacer.  Algo que nos daba vida y nos convertía en seres creativos, competentes, alegres y compartidos.  Hoy es un buen día para redescubrir esas cosas y traerlas a nuestras vidas de nuevo.  Necesitamos más gozo y nuestra responsabilidad humana es descubrir                                                                                   aquello que nos lo proporciona y procurárnoslo.

Carpe diem!!