La importancia del saludo

Cuenta una historia que un Judío trabajaba en una planta empacadora de carne en Noruega.   Un día, terminando su horario de trabajo, fue a inspeccionar uno de los refrigeradores; se cerró la puerta y se quedó atrapado dentro del refrigerador.  Golpeó fuertemente la puerta y gritó, pero nadie lo escuchaba, pues la mayoría de los trabajadores se
habían marchado

Llevaba cinco horas en el refrigerador al borde de la muerte. De repente se abrió la puerta; el guardia de seguridad lo rescató. Cuando le preguntaron al guardia cómo se le ocurrió abrir esa puerta si eso no era parte de su rutina de trabajo, el explicó:   -“Llevo trabajando en esta empresa 35 años; cientos de trabajadores entran a la planta cada día, pero él es el único que me saluda en la mañana y se despide de mi en las tardes.  El resto de los trabajadores me tratan como si fuera invisible.

Hoy me dijo  “hola” a la entrada, pero nunca escuché  “hasta mañana”.  Yo espero por ese “hola, buenos días”   y ese “hasta mañana” cada día.  Sabiendo que todavía no se había despedido de mi,  pensé que debía estar en algún lugar del edificio, por lo que lo busqué y lo encontré.”

En el trabajo, como en todas partes, antes que licenciados, directores, jefes, contadores, ingenieros, secretarias, o lo que sea, somos seres humanos, y estamos rodeados de seres humanos. Tratarnos como tales, además de que genera un clima de trabajo más agradable para todos, trae innumerables beneficios en cuestión de trabajo en equipo, compromiso, confianza, comunicación, etc.  No se trata de ser amables por interés o por conveniencia; sin embargo, en el momento en que necesitemos de alguien, será más fácil obtenerlo si tenemos una relación positiva, basada en el respeto y la amabilidad.