Homenaje de este Blog a Carlos Fuentes, dedicado a Silvia Lemus

Hoy haremos un paréntesis en nuestros temas acostumbrados para hacer un homenaje al gran escritor e intelectual, quien a su muerte nos ha dejado con un hueco en el corazón. Como bien dice mi compadre Eduardo Garza, el mejor homenaje que podemos hacerle es leerlo, y por ello les dejo esta nota escrita por Nacho Padilla, a quien yo sé esta muerte le toca muy de cerca, y lo expresa en el siguiente comentario:

Ignacio Padilla
Escritor

Como su obra, la vida de Carlos Fuentes ha sido total, expansiva; fincada lo mismo en la inteligencia que en la pura voluntad; en la generosidad menos que en la soledad; en la lucidez siempre a parejas con el placer de contar. Imposible articular ahora, cuando se suma el dolor a tal vastedad, lo que me importa y me duele su ausencia. Fuentes mismo defendía, para casos como éste, la vigencia de los lugares comunes de la pena impronunciable. Yo acudo ahora a esos lugares comunes, pues sé que no conseguiré expresar esta pena y que no diré nada que no hayan articulado ya otros mejores que yo. Pienso sólo en que sin él, nuestra literatura en el mundo no sería; reitero que él construyó los puentes y los laberintos entre sus maestros, sus contemporáneos y sus discípulos. Sólo por eso, Carlos, aun al margen de tu magnífica obra, te contaré siempre entre mis gigantes y como tal, siempre al lado de tu inseparable Silvia, seguiré leyéndote, queriéndote y agradeciéndote tu guía, tus libros, tu amistad, tu inteligencia”.

Carolina Grau, de Carlos Fuentes por Ignacio Padilla

Carlos Fuentes es, entre muchas otras cosas, un hombre de avasallante disciplina. Más que un hábito, este atributo suyo es una actitud de vida, de una vida que por cierto es ante todo escritura. Cuando se mezcla con su también abrumadora generosidad, este hábito puede transformarse en vicio y aún en amenaza para sus amigos.  Un ejemplo: cuando nos invita a comentar alguno de sus libros, solicita y casi exige que no hablemos de él ni de sus libros. Labor ardua, orden paradójica emitida por quien sabe que no será obedecido. Compartir un espacio como éste con Carlos Fuentes, ni más ni menos, es en si mismo una aventura: huir de él, darle la vuelta, ignorar su mandato y hacer lo imposible por hablar de él y de sus libros, aún a despecho suyo.

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